miércoles, 20 de febrero de 2019

Postparto e inicio de la lactancia con Lola

Hola!

He vuelto! Aquí tengo a Lola enganchada a la teti y, con una postura propia de contorsionista que probablemente acabe con mi espalda, he logrado además poder escribir en el portátil :)

Hoy os traigo el prometido post del postparto de Lola y el inicio de la lactancia.

mi princesa Leia


El inicio del postparto con Lola ha sido sencillamente alucinante. Si con Bruno me recuperé relativamente rápido, ¡con Lola ha sido tan tan rápido! No sé si ha sido porque internamente sabía que tenía que estar al 100% lo antes posible para poder atender también a Bruno, pero lo cierto es que desde un primer momento he notado mucha más energía y menos molestias que con Bruno (Confesaré que ayuda mucho que Lola duerme infinitamente mejor de lo que dormía Bruno... Bueno, es que Bruno no dormía, jajajaja).

Por ejemplo, los puntos no me han dado la lata para nada (gracias a mi amiga Patricia por recomendarme un jabón llamado Epixelle que ha sido mano de santo), cuando la otra vez me dolían mucho y me tiraban. Aunque sí que he de decir que los entuertos han sido muchísimo más dolorosos! Madre mía! Pero la tripa se me ha quedado más blandurria que después del parto de Bruno (fofa fofa), pero espero que paulatinamente vuelva a su sitio... y aunque esta vez sólo se me han quedado 3 kg pendientes de bajar, no me abrochan todos los pantalones aún... ¡las caderas tardan lo suyo en volver a su sitio!.

Agradezco haberme sentido mucho mejor desde el día 1 porque es cierto que el postparto es un reto cuando además tienes que cuidar de un peque de 2 años y medio y quieres asegurarte a cada minuto de que está bien, de que no está sintiéndose apartado o similar. Han sido muchos días (y siguen siendo) de contar cuentos con Lola en el pecho y Bruno acurrucado al otro lado... de hacer puzzles sentada en el suelo con dormida Lola en el fular... de dormir los cuatro en la cama, con Lola a un lado y Bruno acurrucado al otro, entre Lucas y yo... de ir a parques de bolas y hacer un montón de planes especiales pensados para Bruno... En resumen, de acostumbrarnos los cuatro a ser una familia de cuatro. Está siendo cansado, claro, pero a la vez no podríamos ser más felices.

Ah! Pero lleguemos a la lactancia.

Como sabéis, con Bruno tuve una lactancia maravillosa que duró 22 meses. 22 meses en los que no tuve una sola grieta o problema (sólo dos perlas de leche muy dolorosas pero puntuales ya muy al final de la lactancia). 22 meses de lactancia sobre ruedas que acabó de forma muy tranquila también al poco de quedarme embarazada de Lola.

Y entonces nació Lola. Ay amigo! Yo pensaba que todo iría bien, aunque pronto le dije a Lucas que no recordaba tantísimo dolor con Bruno. Pensé que era quizá de las hormonas del parto... pero a los 4 días vi que Lola regurgitaba un poquito de sangre... Ay ay... Sabía que eso era signo de grietas... miré mi pecho (sí, no se me había ocurrido mirarlo, es que no me había dado ni tiempo) y vi que tenía heridas en ambos lados, como grietas horizontales, una cosa muy rara. Y el dolor... qué DOLOR. Cada vez iba a peor. Era como que me clavaran cuchillos cada vez que se enganchaba. De hecho, algunas noches se me caían las lágrimas, ¡no podía ser normal!

Así que escribí a mi querida Alba Padró, la asesora de lactancia más absolutamente increíble que hay en este mundo, y empezamos a ver qué estaba pasando. Por un lado, me dio las recomendaciones para curar las grietas y por otro, empezamos a ver cómo solucionar el problema: Lola se estaba agarrando mal.

Las grietas se fueron cerrando rápidamente siguiendo sus consejos (no aplicar ninguna pomada, dejar al aire la zona siempre que fuera posible, secar siempre con papel y no con una toalla...). Pero aún así yo veía que algo no iba bien... Aunque hicimos cambios de postura y de agarre y ya no sentía tanto dolor, me parecía que Lola no hacía tantas cacas como Bruno y que no eran del mismo color... El pis también me parecía que estaba más concentrado... ¿Qué estaba pasando?

Mis temores se confirmaron cuando después de más de una semana vimos que Lola no había subido nada de peso tras la bajada posterior al parto. Al agarrarse incorrectamente no estaba mamando suficiente (además de que se quedaba dormida en todas las tomas pese a todos mis esfuerzos) y no llegaba a la parte más grasa de la leche (de ahí que las cacas fueran más verdosas que amarillas). Llorando (porque me agobio enseguida y se me juntaron las hormonas y todo) le escribí de nuevo a Alba y además fui a ver al pediatra al hospital (Rafael Montero, del Vithas también, otro amor de persona y un 10 de pediatra). Rafa me tranquilizó y me animó a seguir 100% con lactancia materna como yo quería. La recomendación de ambos fue la misma: sacarme leche después de las tomas para poder darle un poquito de apoyo a Lola y mientras tanto intentar corregir aquellos problemas de postura que estuvieran haciendo que no mamara correctamente.

Ya, sé que habrá quien diría: "Pues qué tontería mujer, le das unos biberones de leche artificial para que coja peso y punto". Vaya por delante que respeto a todas las madres que dan biberón, me parece que lo importante es siempre que la madre y el bebé estén bien, y que cada madre tiene derecho a decidir en ese aspecto.  Pero yo soy una firme creyente en los beneficios de la lactancia materna y además para mi la lactancia de Bruno fue muy importante y quería (y quiero) repetir con Lola. No os podéis imaginar lo que he llorado estos días con este tema y el agobio que he tenido.

Desde ese día me sacaba leche cuando acababa Lola de mamar, para obtener la parte más grasa de la leche que ella se estaba perdiendo. Después de cada toma le daba lo que había sacado en la anterior con la técnica dedo-jeringa. Además, seguimos viendo con detalle la postura de Lola y su agarre hasta que dimos con todos los problemas.

Y qué decir. Que ha sido como un milagro. Inmediatamente Lola empezó a coger peso, mi pecho también comenzó a estar más lleno y sus cacas y pises recuperaron la normalidad. Además, gracias a Alba conseguí dar con las posturas que le van bien a ella y a mi pecho. Tras varios días de echar horas y horas en el sofá dando y pecho y sacándome leche y dándole después la leche como suplemento, así en bucle, y con mucha angustia, quedó claro que estaba cogiendo peso y así fuimos reduciendo paulatinamente el suplemento de mi leche hasta quitarlo.

Ahora mismo sigue subiendo peso como un tiro y yo no podría estar más feliz :)

Os cuento todo esto porque creo que puede servir como rayo de esperanza a todas esas mamis que quieren dar pecho y que encuentran dificultades. Mirad lo que me ha pasado a mí, ¡y eso que tenía 22 meses de experiencia! Cada lactancia es un mundo y si notáis que algo no va bien, ¡pedid ayuda!

Mis consejos son dos: llegar al momento de la lactancia habiendo leído MUCHO sobre el tema (quien te diga que es instintivo te miente) y, si hay problemas, contactar con una asesora de lactancia lo antes posible para solucionarlos. Además, buscar un pediatra afín y que apueste por la lactancia materna es también importante :) Como libros de lectura obligada yo os recomiendo el de Carlos González ("Un regalo para toda la vida") y el de mi querida Alba Padró ("Somos la leche"). Y luego además la APP para el móvil Lactapp que es SÚPER ÚTIL. Además de tener muchísima información tiene la opción de registrar las tomas, las cacas... Yo por ejemplo la he usado para anotar todas y cada una de las cacas que hacía Lola, para saber si aumentaban en número y también si el color era el correcto. Es friki total pero ha sido súper útil para ver su evolución.

Bueno, no me alargo más, que ya ha sido intenso.
Vuelvo pronto por aquí :)

Un beso fuerte!

Alma



viernes, 8 de febrero de 2019

El parto de Lola

Hola!

El pasado día 22 nació Lola en el Hospital Vithas Pardo de Aravaca y, como os prometí, aquí está el relato de cómo fue todo.

Me ha costado sacar el ratito pero lo he conseguido!

Os pongo en antecedentes :)

El día 19 había cumplido 39 semanas y, pese a que llevaba varias semanas dilatada y con el cuello parcialmente borrado, yo no notaba ni contracciones ni nada. Me notaba pesadísima (¡¡menudo fin de embarazo lleno de achaques!!) y tenía calambres en la cadera pero poco más.

De hecho, estaba bastante agobiada ya que no sabía cómo iban a ser las contracciones de parto cuando llegaran y me daba miedo equivocarme e ir al médico por una falsa alarma (o considerar que eran una falsa alarma y dar a luz en casa! jajaja).

Ya, ya sé que era mi segundo parto, pero con Bruno rompí aguas en casa (sin haber notado una sola contracción) y con él no empecé a notar las contracciones hasta que me pusieron oxitocina varias horas más tarde en el hospital. Así que no tenía ni idea de cómo sería la sensación si es que me ponía de parto sin romper aguas previamente.

Total que el lunes por la tarde-noche empecé a notar que se me ponía rígida la tripa, pero poco más. Y esa madrugada, que había cumplido 39+3 (a Bruno lo tuve también de 39+3), me levanté a hacer pis y tuve dos contracciones brutales que me dejaron doblada. Pero después, nada. Así que me volví a la cama...

Media hora más tarde... otra vez una contracción brutal. Y luego otra vez. Y cada vez más seguidas. Así que a las 6 de la mañana avisé a Lucas de que me parecía que quizá era el día (Lucas no se agobió mucho, la verdad, se quedó frito otra vez! jajaja), me duché tranquilamente (porque luego con Bruno iba a ser imposible) y me volví a meter a la cama a esperar que despertara Bruno para ir a la escuela. Y me quedé frita, jeje.

Cuando desperté a las 8 las contracciones eran mucho más regulares, cada 6-7 minutos o así. Preparamos a Bruno para ir a la escuela y mientras me descargué una app de esas para ver cada cuanto venían las contracciones y cuánto duraban. Lucas le acercó a Bruno y en casa yo fui viendo que empezaban a ser cada 5 minutos y muy regulares. Avisé a mi querida Cristina (mi ginecóloga que es un sol) y a mis padres y cuando volvió Lucas... ¡¡nos fuimos a pasear al perro!! jajaja. Por eso muchas me escribisteis diciendo: "¡¡Pero si estabas paseando al perro!!". De hecho Cristina lo vio y me escribió y me dijo: "¡¡Pero qué haces paseando al perro!!" jajajajaja.




Efectivamente. Pero la cuestión es que quería ver si eran regulares, no quería ir al hospital y que no fuera realmente necesario. Así que finalmente a las 10:30, tras pasear a Leadville y ver que cada vez iban a más, salíamos hacia el hospital.

A las 11 y poco estábamos en el Hospital Vithas Pardo de Aravaca y me admitían por urgencias. ¡¡Justo estaba Ainhoa, la matrona que me atendió con Bruno!! Pasé a la sala de dilatación y la verdad que las contracciones eran todavía súper soportables. Hablamos con mis padres, que recogerían a Bruno de la escuela a las 13.30 y le traerían cuando naciera Lola. Llegaron Cristina y Chema, mis ginecólogos, y estuvimos charlando con ellos también bastante rato. Me sentía muy bien y el dolor de las contracciones era muy soportable.

Pasado un tiempo Ainhoa me rompió la bolsa para ir "animando la cosa" y cuando estaba de unos 5cms llegó el anestesista para ponerme la epidural. Sinceramente, yo esta vez no quería ponérmela, ya que tuve muy mala experiencia con Bruno (me acabaron pinchando 3 veces y no consiguieron que me hiciera bien efecto ya que la anestesia se "salía" de su sitio). Y es que, aunque parece genial poder parir sin dolor, en mi caso con Bruno había sido un verdadero suplicio el que me pincharan 3 veces y además con él no me había quitado el dolor hasta justo el expulsivo donde por fin me hizo efecto, aunque sólo parcialmente, ya que tuve muchísimo dolor de espalda y riñones, y siempre me quedé con la duda de si me dificultó empujar.

Pero el anestesista me prometió que esta vez iría bien y el pobre Lucas estaba tan preocupado porque yo pasara mucho dolor que me empecé a agobiar... empecé a pensar que quizá no lo podría soportar y finalmente cedí. Así que me pincharon y...

Jejeje.

Nada.

Otra dosis.

Nada.

Otra dosis.

Ups.

Nada de nada. Ni un adormecimiento mínimo.

Las contracciones cada vez más brutales y yo respirando y oyendo música, jejeje. De hecho, me levanté a hacer pis al baño, y mi matrona estaba atónita. Decía: "Es la primera vez que veo alguien con 3 dosis de epidural que pueda levantarse y caminar". De hecho, lo bueno fue que eso me permitió ir cambiando de postura para aguantar mejor. Estuve un rato con el fitball. Y dolía, ¡¡madre cómo dolía!!

Total. Que ya dilatada de 8cms y sin haber notado ni rastro de epidural vino otra anestesista y me sacó el catéter y me dijo que estaba como retorcido o algo así (exactamente lo que me dijeron con Bruno). Vaya, que mi espalda no está hecha para recibir epidurales. Por lo visto algo pasa con mi espalda y el catéter cuando lo introducen, que la anestesia se sale por donde no es y me hace 0 efecto.

Me volvieron a pinchar en otro punto, ya dilatada de 8cms, y noté cierto adormecimiento en el vientre, bastante leve pero al menos un cierto alivio, pero la "zona de salida" (por llamarlo finamente, jejeje, cada vez me dolía más). Notaba muchísima presión. Pronto empezaron ya a decirme que empujara, que Lola estaba a punto, y yo iba cambiando de posición para poder empujar y por alguna razón me empezó a doler muchísimo la zona de los riñones, estaba hasta asustada. ¡¡Me dolía todo!!

Y pasamos al paritorio porque dijo Ainhoa que si esperábamos más iba a tener a Lola en dilatación! Así que empecé a empujar... y DIOS. En el momento en el que Lola empezó a salir me di cuenta de que claramente la epidural no me había hecho nada de efecto. Si habéis visto una película de esas en las que dan a luz gritando a lo bestia... Pues así fue (Lucas aún se pone blanco al recordar mis gritos).

En 9 minutos tras entrar al paritorio había nacido Lola, yo gritando como una loca, en la que ha sido la experiencia más BRUTAL que he vivido jamás. Fue una sensación bestial, como si me fuera a partir en dos, pero a la vez notaba perfectamente cómo iba saliendo Lola, su cabeza, todo! Fue terriblemente doloroso, como nada que haya experimentado antes, pero sencillamente espectacular.  Qué emoción!!! Y fue tan rápido, que no me lo podía creer cuando me dijeron, ¡ya ha salido la cabeza! Y luego me animaron a incorporarme y, como con Bruno, fui yo la que la saqué! Qué maravilla! Se me caían las lágrimas y sólo podía decir: "Mi Lolita mi Lolita!!". Eran las 16:40 de la tarde y Lola estaba ya en mis brazos.


Me impactó que Lola salió cubierta por mucho más vérnix que Bruno y que salió súper despierta. Se me salía el amor por los poros y ella en nada me estaba mirando con sus ojitos de ratoncito. En seguida nos pusimos con el piel con piel y eso me hizo olvidarme del dolor de cuando me cosieron los puntos y demás, jeje.

Una vez en la habitación se enganchó ya al pecho... (pero el inicio de la lactancia con Lola me da para otro post entero, jejej, así que prometo contarlo con detenimiento otro día).

Esa misma tarde vino Bruno a conocerla al hospital y fue tan emocionante... Es increíble pasar a ser una familia de cuatro, increíble.

Sin duda, lo que peor llevé fue lo de tenerme que separar de él esas dos noches, aunque pasó el día siguiente y el siguiente con nosotros en el hospital, se me hizo muy duro por primera vez separarme de él por la noche. Todo hay que decirlo, que durmió en nuestra casa con mis padres y fue el niño más feliz del mundo porque adora a sus abuelos. Además también en el hospital estuvieron mis suegros, mis tías, mi hermano y mi cuñada, mi sobrino... y todos le dedicaron el 90% del tiempo a Bruno, lo que hizo que él estuviera encantado en todo momento. Fueron unos días súper felices para él (de hecho cuando nos dieron el alta no se quería ir a casa! jajaja).




Pero bueno, como Lola se acaba de despertar no me puedo alargar más, os prometo un post sobre el posparto y la lactancia lo antes posible (¡en cuanto me deje Lola! jajaj).

Antes de terminar me gustaría agradecer de todo corazón a todo el personal del Hospital Vithas Pardo de Aravaca el trato que nos dieron. A mi doctores José María Fernández Moya y Cristina Braña, por todo el seguimiento del embarazo y la atención en el parto y postparto, a Ainhoa, la matrona, que en ambos partos ha sido fundamental para que todo fuera sobre ruedas, y a todo el personal que nos hicieron sentir como en casa. Gracias por todo.

Vuelvo pronto!

 Alma